Menschliche Walhalla - 19 de Marzo



UNSERE HEILIGEN

Guardad una moneda para el barquero.

Unsere Heiligen

A los que antes que nosotros fueron, a los que llevaron nuestra sangre, sin que sepamos de dónde vinieron ni dónde llegaron en su caminar por esta tierra extraña, a los vivos y a los ausentes, a todos ellos que nos legaron una herencia interminable de genes y cromosomas, diminutas piezas de nuestra mente y nuestra existencia, a todos ellos por los que hoy somos, y somos como somos por lo que ellos fueron, les debemos cada una de las líneas que hemos escrito.

A los que nos amaron sin nosotros saberlo, a los que lloraron días y noches sin saber nosotros el dolor y el pesar que les causábamos; a ellos, que no nos olvidaron y a los que a veces ignoramos; a los que hemos exigido que nos comprendan sin escucharlos siquiera; a ellos, que nos crearon. A ellos, que por nosotros soportaron gobiernos amargos de dictadores enanos; callados y silenciosos, aguantando y soportando la pena del forzado; a ellos, cuyas manos sangraron por el frío y el trabajo; a ellos, que no cejaron ni un sólo día de darnos pan, alimento, paciencia y reposo a nuestro cansancio. A ellos, que no fueron altos ni grandes ni fuertes ni de aspecto fiero, pero que fueron bondadosos hechos de acero, roble, castaño, encina y boj, de la madera de los gigantes; héroes extraños que durante años, cuando fuimos niños, nos defendieron y protegieron de todos cuantos quisieron reírse, burlarse, humillarnos o hacernos daño. A ellos, a los que gritamos sin oír siquiera, sin saber que con ello nos equivocábamos, tantas veces errados. A ellos, que envejecen a nuestro lado, y aún así nos siguen cuidando.

Dicen algunos que existen en los cielos dioses que nos han creado, que son nuestros padres verdaderos y eternos que viven allá en lo alto; pero esos dioses inmortales reclaman para sí la fe ciega y el amor inquebrantable antes de concedernos sus dones; nos ordenan una vida de perfecta moral y sacrificio permanente a cambio de una vida futura tras la muerte, en que la gloria será contemplar su rostro y disfrutar de su luz divina. Mas he aquí que éstos que aquí somos, habiendo nacido de barro, hijos de hombres y mujeres de carne y hueso que jamás no han fallado, que ni un solo día pasaron sin amarnos y comprendernos, y que tampoco nos han pedido nada a cambio ni durante un sólo segundo para darnos, aquí y ahora, sobre la tierra perecedera el reino de los cielos de un paraíso imperfecto pero soñado por cuanto sólo es humano. Decimos pues, a aquellos que tanto esperan, que si hemos de morir y debemos elegir, elegimos, antes que a esos dioses fugitivos e invisibles, compartir, ya sea el infierno o el cielo, todos los días del infinito, con aquellos que tanto nos amaron en esta tierra y que nunca nos exigieron nada para darnos tanto.

A ellos, a los que amamos, con los que compartiremos el banquete del Walhalla cuando llegue el día en que todos seamos mayoría.